Homilía Cuarto Domingo de Cuaresma. Ciclo A. Jn 9, 1-41. 3 de abril de 2011

Homilía 4º domingo de Cuaresma

Querer ver

"No hay ciego más grande que el que no quiere ver", dice un dicho castellano. La visión no es sólo cuestión de poder ver, sino sobre todo de querer ver. Esta es la conclusión a la que quiere llegar el evangelista Juan en el evangelio de este domingo.

El novelista suizo Max Frisch presenta en una de sus novelas a un hombre que podía ver pero que no quería ver. Llegó a la conclusión que era más práctico para él ser ciego. Por consiguiente se colocó unas gafas que impedían la visión y caminaba por la calle sostenido por un bastón blanco. Ya no tenía que reaccionar ni tomar postura ante lo que sucedía a su alrededor. Los conflictos y problemas en torno a él no le afectaban. Por fin podía vivir en paz.

El ciego de quien habla el evangelio de hoy, al contrario, quería ver. Seguro que antes de ser curado por Jesús está lleno del deseo de ver lo que le rodeaba. Pero cuando al fin alcanzó la capacidad de visión, se dio cuenta que no era bello todo lo que alcanzaban a percibir sus ojos. El mundo, en su naturaleza era hermoso. Pero la vida humana estaba llena de intrigas, desconfianzas y discusiones. El ciego experimenta en sí mismo la presión de quienes querían saber quien le había sanado. Le asaltaron con preguntas, dudaban de su identidad y hasta le llegaron a insultar. Finalmente le expulsaron de la sinagoga.

Juan juega con una ironía, aquellos quienes podían ver, no verían ni a Jesús y hasta dudaban si el ciego al que interrogaban era realmente el que se encontraba siempre al borde del camino. En el fondo eran ciegos. Aún teniendo capacidad de visión no querían reconocer ni al mesías ni sus obras.

Jesús no sólo curó al ciego, sino que le confirmó en su identidad. Cuando las autoridades religiosas preguntan al ciego si es él el que se encontraba al borde del camino, el buen hombre responde "yo soy". En el evangelio de Juan está formula está reservada para Cristo, e indirecta y simbólicamente alude a su divinidad. La expresión está en relación con la revelación del nombre de Ywhw a Moisés, "yo soy el que soy". El encuentro con Jesús sitúa al ciego en su auténtica identidad. En relación con Jesús, los seres humanos recobramos nuestra auténtica identidad. Mientras que los que inquirían a Jesús, no reconocían la identidad del ciego, ni se reconocían a sí mismos.

Este evangelio nos plantea la pregunta de si somos de los que queremos ver o de los que queremos no ver. ¿Somos de los que cerramos los ojos o miramos para otro lado cuando no queremos ver las cosas? ¿O somos de los que aceptamos la realidad? ¿En que sentido me dejo mover en mi interior y en mi corazón por lo que veo? Hay distintos mecanismos para no ver lo que hay a nuestro alrededor. Podemos ignorarlo, acostumbrarnos a ello, reprimirlo o incluso negarlo.

Podríamos decir que ver es la vocación del cristiano y Jesús limpia nuestra mirada para que podamos cumplirla. Ver con ojos limpios y afectuosos. Ver con esperanza y gratitud.

Homilía tercer domingo de Cuaresma ciclo A. 26 de Marzo 2011

Homilía tercer domingo de cuaresma
Ciclo A. Jn 4, 5-42
Encontrando la propia verdad

La vida humana también lo es de decepciones y desilusiones. Las que más duelen es las que unos seres humanos causan a otros seres humanos.

Hace unos días me contaban que un hombre tuvo un accidente de tráfico. Estuvo muy grave en el hospital. Su estancia allí se prolongo durante más de medio año. En todo este tiempo su mujer no dejó de pasar un día junto a él. Cuando sanó dijo que quería empezar una nueva vida y que se iba de casa. Se marchó a vivir con su hermana, también divorciada. A la mujer y a sus hijas les dejó la hipoteca de la casa y otras muchas deudas. Su mujer dice que no entiende nada. La hija mayor es más dura: dice que no quiere saber nada de ese...

Estaban viendo la televisión. Llevaban cinco años de matrimonio y tenían un hijo en común. De repente él dijo que se iba de casa. Que había encontrado otra mujer más guapa y lista que tú. Cuando me lo dijo la mujer afectada se me paralizó la respiración. ¡Qué innecesariamente crueles podemos ser los seres humanos en ocasiones!

Los seres humanos sufrimos la decepción de otros seres humanos. Hay amigos que no mantienen lo que han prometido. Hay relaciones que se rompen por una pequeñez. En esos casos las personas son condenadas a la soledad y la desconfianza. Y es entonces cuando preguntamos ¿dónde está Dios? ¿Cómo un padre bueno nos pudo hacer con esta capacidad de daño y de maldad?

Es fácil hacerse esas preguntas y difícil es responderlas.

La Biblia contiene también muchos relatos de las decepciones humanas. Incluso Jesús sufrió la traición de uno de los suyos. Traicionado por un puñado de sucias monedas y para colmo la señal de la traición fue la expresión más grande del amor: un beso. Estas historias de la Biblia son algo más que expresión de la tragedia de la vida. Traen también una enseñanza de fe.

En el evangelio de este domingo Jesús se encuentra con una mujer junto a una fuente. Ella también lleva la marca de la decepción. Ha tenido cinco maridos, y ahora vive con un hombre que no es su marido. Es una vida en búsqueda con relaciones rotas. Y esta mujer como es hoy corriente no reconoce su deseo más profundo. Lo esconde en un : "todo es OK", "todo va bien". Esconde la oscuridad de su vida y esa es la forma de dominar su vida. 

Pero para Jesús esta es la forma de echar a perder la vida. Jesús le dice. Vete a buscar tu marido. Y ella quiere permanecer en la oscuridad. No tengo marido. Pero Jesús le revela la verdad de su vida, "has tenido cinco maridos, y este no es tu marido". Y la mujer parece feliz de haber encontrado a alguien que la ve en su verdad. Que no acepta sus mentiras. Alguien que la libera de la mentira y la hace entrar en la verdad. Por eso este hombre lleva a la mujer a la fuente de la vida.

También nuestras decepciones son oportunidad para encontrarnos con la verdad, para encontrar la fuente de la vida. Quizás al final podamos decir como Ana Frank, que en la oscuridad de su vida decía: "y a pesar de todo creo en la bondad de la gente."