De Procesión en Almería


He tenido la suerte de participar en Almería en la Procesión de la Virgen del Mar, patrona de la ciudad. El acto me ha levantado esperanza. Eran muchas las personas que durante todo el recorrido se reunieron en las calles del itinerario para ver pasar a su Virgen. Muchas más de las que yo esperaba. Sé que en estos actos no todo es religiosidad. Y también empuja la tradición, la costumbre o simplemente asistir a un espectáculo estéticamente hermoso. Pero me sorprendió mucho la actitud de respeto de la mayoría. Algunos se santiguaban al paso de la Patrona. Quienes disfrutaban de una tarde de final de verano en una terraza, no dudaron en levantarse cuando la procesión pasaba a su altura. Y no eran sólo personas mayores los que lo hacían. Adolescentes, sentados en los peldaños de los portales, también se ponían en pie cuando la Virgen pasaba por su lado. Y ví como muchos padres también levantaban a sus pequeños , que agurdaban sentados en las aceras, para decirles desde ahora, que a la patrona se le debe un respeto. Es verdad que algunos comían pipas y palomitas mientras contemplaban la procesión. Pero la tónica de la mayoría le hace a uno albergar la esperanza que, en el futuro, segurián siendo más los que se santigüen que los que coman pipas. Al término de la procesión el obispo de Almería elevó una oración sencilla, sentida y pegada a la realidad de todos los asistentes. Pidió la bendición a la patrona, acordándose en primer lugar, de los afectados por la crisis, de los inmigrantes que llegan a las costas de la región, de los ancianos y los niños...Para que luego digan que a los obispos no se les entiende y que la religión aleja de la realidad...En fin, una jornada llena de religiosidad, fervor y devoción, que todavía se mantiene viva en España.

¿Quienes les han empujado?

En España hemos leído una noticia de periódico horrizados. Una niña de 13 años ha sido violada por cinco jóvenes, cuatro de ellos menores. La acción fue planeada y realizada conscientemente. En las primeras declaraciones al juez parece que sabían lo que hacían y no le daban importancia. Un menor de edad, lo es, entre otras cosas por no tener suficiente capacidad para sopesar el alcance de sus acciones. Por no tener una capacidad de decisión sopesada que contemple todas las dimensiones de su acción. En la decisión de un menor juega un papel mayor la presión ambiente. No quiero miimizar la responsabilidad personal de cada uno en esta acción. La tienen y la sociedad la puede y la debe reclamar. Pero todos nos debemos preguntar qué factores les han empujado a esta acción. ¿Qué les ha hecho ciegos para el dolor y el daño que causaban a otra persona? Es cierto que el alma humana y la sociedad es capaz de lo mejor y lo peor. La educación siempre se ha situado en el filo entre las tendencias del bien y del mal. Hasta ahora parecía que tenían más fuerza y se imponían las del bien. Pero una empieza a temer que en muchos terrenos las tendencias del mal, es decir, las fuerzas más animales, los peores instintos empiezan a imponerse. Los cinco jovenes son responsables de lo que han hecho. Pero no podemos ignorar que también les ha empujado a ello una manera de entender la sexualidad como desahogo, juevo y prueba de poder. Una concepción de la otra persona como instrumento de mis necesidades...Referencias que cada día pasan delante de nosotros en la publicidad, el ciene, las series televesivas, las conversaciones...Al final esas referencias tienen consecuencias y hacen daño.