Homilía 1 Doningo de Adviento. Ciclo A. 1 de diciembre de 2013. Mt 24, 37-44

Vivir con atención

„No me lo cuentes que prefiero no saberlo“. Es una frase que todos decimos alguna vez. Hay ocasiones en las que preferimos la ignorancia al conocimiento. Son esas situaciones en las que el saber puede provocarnos una desilusión respecto a una persona. Como cuando nos enteramos de la falta de lealtad de un amigo. En otros casos, el conocimiento de un peligro puede producirnos tanto temor que nos paraliza y preferimos ignorarlo. Otras veces saber lo que está por venir puede romper el encanto de la sorpresa. Como cuando sabemos de antemano el regalo que nos van a hacer por nuestro cumpleaños o cuando alguien nos cuenta el final de una película de intriga que queríamos ver.

No solo individualmente también como sociedad hay cosas que preferimos no saber. Y por eso las ocultamos, evitamos que se hable mucho de ellas o que se hagan visibles permanentemente. La injusticia, las condiciones indignas en las que viven muchas personas en el mundo, la muerte…son realidades que evitamos y que a veces hasta ocultamos. Algunas personas dicen que no es agradable que mientras comemos el telediario nos muestre el horror que vive una parte de la humanidad.

Es verdad que no se puede vivir teniendo presente a todas horas los peligros de la vida o las crueldades de la historia. Si cuando nos subimos a un automóvil no paramos de pensar en los peligros de la carretera es posible que el temor nos impida continuar el viaje y acabemos bajándonos del coche y quedándonos en casa. No es bueno vivir pensando siempre en las dificultades y en los problemas de la vida. Pero es igual de peligroso olvidar totalmente esos peligros y caminar descuidados por la vida. Quién sale a pasear sin fijarse en los obstáculos que puede encontrar en el camino es posible que acabe por tropezar y caer.

En el evangelio de este primer domingo de adviento Jesús nos recuerda una de esas cosas que a veces preferimos no saber y no escuchar. Nos recuerda que la vida pasa rápidamente y que el final de nuestra existencia siempre viene por sorpresa. Jesús nos dice que todos tendremos que dar cuentas de nuestra vida ante Dios y por eso tenemos que prestar atención al modo como vivimos nuestra existencia. Jesús no nos recuerda estas cosas para asustarnos o meternos miedo. Jesús las recuerda para abrirnos los ojos, para hacernos atentos, para que nos apresuremos en aprovechar el tiempo de nuestra vida.


Este domingo los cristianos iniciamos el tiempo de adviento. Es un tiempo de preparación a la celebración de la navidad. Es un tiempo para estar atentos, para abrir los ojos, para despertar cosas que teníamos olvidadas: la ilusión perdida, la posibilidad de reconciliación con una persona a la que habíamos dañado, la confianza en la vida y en las personas, confianza que el paso del tiempo ha ido endureciendo, la importancia de los gestos de bondad y de amor. El adviento nos llama a aprovechar los días de nuestra vida, a vivir con intensidad lo que hacemos, a volcar y dar lo mejor de nosotros mismos en todo lo que hacemos.

Solemnidad Jesucristo, rey del universo. 24 de noviembre de 2013


Jesucristo, rey del universo



Llamar a Cristo rey puede producir alguna confusión. En nuestra época esta palabra tiene solamente significado político. En tiempos de Jesús tenía también un significado religioso. En algunos libros de la Biblia podemos encontrar que el pueblo de Israel llamaba rey a Dios. Y lo hacía porque Dios es origen y creador del mundo. Y domina sobre el caos y las fuerzas del mal. Tras la resurrección, en la que Jesús vence a la muerte y el mal, se comienza a representarle como rey. Desde el punto de vista de la fe cristiana llamar rey a Cristo es equivalente a llamarle salvador.

En nuestra cultura cada vez se difuminan más los perfiles de la figura de Jesús. También los cristianos podemos olvidar algunos rasgos de su persona. La fiesta de hoy puede servir para recordar otra vez quién era Jesús.

Jesús es una de las grandes figuras de la humanidad. Tal y como nos lo presentan los evangelios no destacaba por la nobleza de sus orígenes ni por ocupar un puesto destacado en su sociedad. Procedía de una familia sencilla y no tenía apellidos de renombre. El nombre de Jesús es ya el programa de su misión. Significa Dios salva. Para los cristianos la salvación no consiste en vivir libres de problemas y dificultades. Consiste en contar en nuestra vida con la presencia de Dios. Por eso, el empeño principal de Jesús fue recordarnos que Dios viene a nuestra vida a poner en ella su perdón y su bondad. No quería otra cosa que abrir a las personas a Dios para que Dios sea la fuente de nuestra libertad y de nuestro amor.

La gran ocupación de Jesús es Dios y su Reino. Para Jesús Dios es más importante que el éxito profesional y la autorrealización personal. Por eso, no cayó en la tentación de cambiar la misión que había recibido de Dios por una vida cómoda. Habló palabras claras y evitó el sentimentalismo y la demagogia. No aspiraba a mandar, sólo quería servir. No le preocupaba la riqueza porque sabía que los bienes de Dios son más importantes que la cuenta corriente. No recurrió a la violencia ni a la fuerza para extender el Reino de Dios. Sabía que el mejor modo de acreditar su mensaje era con la fuerza de su propia convicción.


Jesús fue un hombre genial. Su persona estaba llena de Dios. Sus palabras y obras comunicaban vida divina. Por eso los primeros cristianos lo acogieron como el signo de la amistad y el amor de Dios para con nosotros. Jesús no quería admiradores, buscaba seguidores. No fundó un “club de fans”, convocó un grupo de discípulos. No aspiraba a recibir aplausos sino a que otros siguiéramos su camino y así nos llenáramos también de Dios. Su mensaje sólo se entiende del todo cuando es acogido puestos de pie y preparados para partir en busca del Reino de Dios. Quien acoge su mensaje sentado, aunque sea en el banco de una iglesia, no podrá nunca entenderlo del todo.