Maravillas de la iglesia
En la diócesis de Brooklyn (Nueva York) cada domingo se celebra la eucaristía en 70 idiomas diferentes. Me lo decía el Padre Thomas Gilbert, joven sacerdote de esta diócesis, conversando después de celebrar juntos en un convento de carmelitas descalzas. Una de las caracterísitcas de la ciudad de Nueva York es la de ser un espacio de conviencia de personas muy diferentes por lenguaje, cultura, procedencia...Y conviven de manera pacífica y amigable. Cuando escuchaba la cifra que me decía el Padre Thomas, además de impresionado, me sentí profundamente contento de ser católico. Nuesta iglesia se compone de miembros de distintas culturas y procedencias. Y todos permanecemos unidos bajo el amor de Dios y en la fe de Jesucristo. La Iglesia acoge a todos los seres humanos y no se pide que para seguir a Jesús tengamos que renunciar a nuestro origen o raices culturales. Al contario, nuestra identidad cultural es incorporada y asociada a la identidad cristiana.

Cuando tanto se denigra y critica a la Iglesia conviene recordar cosas como esta. A pesar de los errrores y fallos, que los ha habido y muy grandes, no hay institución que haya hecho -y siga haciendo-  más por el ser humano que la iglesia católica. No reconocerlo es estar ciego o lleno de mala intención. Cada domingo, en Nueva York, y en lugares más pequeños, como en el que tu y yo vivimos, la iglesia abre sus puertas para ser la casa del hombre por ser la casa de Dios. Ahí puede entrar cualquiera, que todos somos bienvenidos.

Homilía, Solemnidad de la Asunción de María. 15 de Agosto 2010

¿Qué tendrá María?
Me lo he preguntado muchas veces, ¿Qué tendrá la Virgen María? 

Me lo pregunto cuando veo los santuarios llenos de gente de toda edad y modo de vida; cuando observo tantos automóviles que llevan el rosario colgado del espejo retrovisor; cuando recuerdo aquel grupo de hombres, fornidos como árboles, que en el mes de mayo acudían a ofrecer un ramo a la Virgen tras la eucaristía del domingo; cuando veo jovenes que apenas práctican su fe acudiendo a romerías y procesiones para llevar en hombros su patrona; cuando se de las muchas personas que confían sus tristeza y dolor a María.

El secreto de la Virgen María es muy simple. En ella, en su seno, el cielo se unió con la tierra. María puso su vida para ser espacio de encuentro entre lo divino y lo humano. Por eso en su vida, Dios irrumpió a borbotones. Y su humanidad quedo llena de Dios.

La fiesta que hoy celebramos, la Asunción de María al cielo, es la consecuencia de la redención que Dios inició en Cristo. Allí Dios desciende a nuestro nivel para elevarnos junto a él. En la Asunción María representa el término de nuestra vida, que es vivir junto a Dios. María es la primera en llegar allí donde todos llegaremos un día.

La fiesta de la Ascensión de María tiene alguna consecuencia para nuestra vida diaria. En esta fiesta recordamos que nada de lo bueno de nuestra vida se pierde sino que permanece en Dios. Por eso debemos trabajar por lo que realmente importa; por lo que permanecerá de nosotros.

En segundo lugar,  porque en María Dios irrumpió en nuestra tierra, el cielo sigue podiéndose abrir en nuestra tierra. La Iglesia y los cristianos estamos llamados a esto. Misión de la Iglesia y de todo cristiano es contribuir a que el cielo irrumpa en nuestra cotidianidad, aunque sea de manera parcial y a modo de un resplandor. Y eso siempre sucede cuando entre los seres humanos hay amor y paz.