Homilía 11 domingo tiempo ordinario Ciclo C


La fe que abre la puerta al perdón

"A ti te conozco”. Es una de esas frases cuyo significado cambia con el tono de voz. Puede ser expresión de alegría en el encuentro con una persona que no veíamos desde hace tiempo. Pero puede ser también expresión de censura y reproche en forma de desconfianza.

Para conocer de verdad a otra persona es necesario acercarse a ella con los ojos de la simpatía y el cariño. Con cierta frecuencia miramos a los otros con los ojos de los prejuicios y por eso no penetramos realmente en su realidad personal. Y lo que es peor, hasta podemos pensar que nuestra mirada es la única correcta y reprochamos cortedad de miras o ingenuidad a quien se acerca a otra persona con la mirada de la simpatía y el afecto.

Esto es lo que ocurre en el pasaje del evangelio de este domingo. Jesús está invitado a la mesa de un fariseo, Simón. Una mujer pecadora se acerca y lava sus pies. El fariseo, que creía conocer a esa mujer, concluye que Jesús no puede ser un profeta si no es capaz de distinguir la clase de mujer que se le ha acercado. Pero los ojos de Jesús ven tanto que también adivina los pensamientos de Simón. Las palabras de Jesús desvelan la dureza del corazón del fariseo y que hace de él un auténtico ciego. Solamente es capaz de ver lo exterior y su mirada condena a la mujer a vivir encadenada a su pasado. Jesús ve las cosas de otra manera. Ve lo exterior y sabe lo que ha hecho esa mujer. Pero puesto que su mirada también penetra lo interior, sabe a pesar de todo ha conservado un buen corazón; un corazón en el que hay lugar para la simpatía, la admiración y el cariño. Y lo expresa en el gesto de lavar los pies a Jesús.

El gesto de acercarse a Jesús en público, el valor de interrumpir la comida de personas distinguidas es expresión de algo importante. Su confianza en Jesús es más fuerte que el peso de su pasado. Y no le importa exponerse a miradas y comentarios de reproche, porque su admiración hacia Jesús es más fuerte que el miedo a los juicios de los demás. Por todo eso, la mujer que se acerca a Jesús es modelo de fe. De una fe que pone en movimiento. De una fe que abre a una nueva vida.

Quien sin ocultar su realidad, tiene la valentía para acercarse a Jesús, ya se ha liberado en parte del peso del pasado. Y se abre para recibir la gran alegría del perdón con el que comienza una vida nueva.

Homilía Domingo de la Santísima Trinidad. 30 de mayo de 2010

 
Dios es comunión
 
En el nombre del Padre, del Hijo y .....de la mamá, dijo la niña.

Más allá de la anécdota la niña tiene razón decir que Dios es trinidad, es decir que Dios es familia, que
Dios es relación, que Dios es amor.

Una de las dificultades de la trinidad de Dios es que en la historia del cristianismo, la realidad de la trinidad se ha convertido en una formula teológica que nada tiene que ver con nuestra vida de fe y con nuestra experiencia de las cosas. Se nos ha hablado de la trinidad como una especie de jeroglífico o acertijo teológico que nada tiene que ver con nuestra vida. De este modo si hiciéramos una encuesta entre los creyentes y les dijéramos que papel juega en su vida de fe el hecho de que Dios sea Padre, Hijo y Espíritu, nos dirían que ninguno, y que podríamos prescindir de este contenido de nuestra fe y nos ahorraríamos de una complicación.

Y sin embargo, si prescindiéramos de la trinidad perderíamos un aspecto importante de la fe. Todas las formulas de nuestra fe, tienen como punto de partida una experiencia de fe que se trasmite en palabras y expresiones que son relativas, pero lo importante es la experiencia.

Los primeros cristianos se encontraron con Jesús. Escucharon sus palabras y fueron testigos de sus acciones. Estos discípulos veían que Jesús estaba lleno de Dios y le llamaron el Hijo de Dios. Este Jesús les hablaba de Dios Padre y le prometía el Espíritu. Por eso empezaron a bautizar en el nombre del Padre del Hijo del Espíritu.

Más tarde los cristianos tuvieron que explicar esa experiencia y desarrollaron las formulas trinitarias en la que dicen que Dios es una naturaleza y tres personas. Son intentos de explicación que responden a un contexto. Lo importante es captar la experiencia que hay tras ellas.

La experiencia es la experiencia de un Dios en relación con la humanidad de Jesús y con cada ser humano. Decir que Dios es trinidad es entender que Dios no es una potencia aislada, sino una realidad amorosa que quiere comunicarse y darse.