Contestar en misa

Este verano he tenido la ocasión de participar en la Eucaristía como fiel cristiano. Me ha llamado la atención la timidez en la voz de los que asisten. Cuando el sacerdote inicia alguna invocación que debe ser seguida por los asistentes, la respuesta de la asamblea apenas es perceptible. La mauyoría responden en un tono de voz que ni siquiera puede ser escuchado por quien se encuentra en el mismo banco. Uno se pregunta si esa respuesta, apenas susurrada, es resultado del respeto que impone el templo, o es un reflejo del apocamiento a la hora de proclamar publicamente la condición de cristiano en una sociedad secularizada. También es verdad que a veces el tono de la respuesta no es más que la correspondencia a la actitud alejada y desinteresada, que sin pretenderlo, transmiten algunos sacerdotes cuando celebran. Sea lo que sea, me parece que es algo que entre todos deberíamos revisar y mejorar. En otros países las respuestas de la asamblea son pronunciadas con claridad y rotundidad. Y no es un asunto menor. Si la Eucaristía evangeliza pues es la expresión de la vivencia de la fe, los que vivimos la fe con alegría, convicción y firmeza, deberíamos transmitirlo en nuestra voz. También cuando respondemos en misa. Aunque, a veces, el tono del que presida no invite a ello.