Homilía V domingo de Cuaresma. Ciclo C Jn 8, 1-11


El nuevo futuro del perdón

Perdón sigue siendo una palabra necesaria en la vida humana. Recibir el perdón y también darlo. El perdón abre al futuro y a la posible renovación de nuestra vida.

Una de las consecuencias drámaticas del mal es que, una vez pasado, condiciona el presente y el futuro. Lo sabemos por experiencia. Una palabra mal dicha, un gesto de desafecto hacia alguna amistad, puede crear un abismo de distancia que no sabemos como salvarla. Parece como si el mal cometido fuera un peso que nos retiene a la hora de retormar la relación Con cierta frecuencia un roce mantenido con una persona por algo sin importancia condiciona la relación con ella en el futuro y cada vez que nos la cruzamos intentamos evitarla.

En otras ocasiones son los demás los que pretenden que permanezcamos unidos a nuestras acciones del pasado. De este modo, en nuestras relaciones personales a veces somos etiquetados por algo que una vez y de modo ocasional cometimos. No es infrecuenteme que alguien, que en una ocasión mintió sea tachado por los demás de "mentiroso". El problema de esas etiquetas es que  se convierten en una losa que puede impedir que avancemos y  puede incluso llegar a empujar a repetir aquello que en una ocasión se hizo.

En el evangelio de este domingo aprendemos que el perdón de Dios nos libera de las ataduras al mal que una vez cometimos. Recibir el perdón de Dios es lograr que el mal del pasado no condicione ni nuestro presente ni nuestro futuro. Jesús no une a nadie con su pasado ni le deja encerrado en lo que una vez cometió. Por eso a la mujer sorprendida en adulterio no la llama "adúltera"; simplemente la anima a reconducir su vida. Jesús mira a las personas de otra manera. No nos valora desde lo que hacemos sino desde nuestras posibilidades; desde lo que podemos llegar a ser. En el fondo esa es la mirada del amor que encuentra siempre en el otro más posibilidades que las que esa misma persona encuentra.

Mientras Jesús escucha la acusación que los maestros de la ley dirigen a la mujer adúltera, se dice en el evangelio que va escribiendo en la arena. Esta acción de Jesús recuerda lo que dice el profeta Jeremías (17,13): "todos los que te abandonan serán avergonzados, y los que se apartan de ti, en la tierra serán escritos". Es una manera de recordar que todos somos pecadores y todos necesitamos de la misericordia.

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