Homilía 14 Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C. Lc 10, 1-12.17-20

La regla de oro de la comunicación

Los técnicos de la comunicación dicen que para transmitir bien un mensaje hay que tener algo que decir, hay que conocer a los destinatarios y hacer que el mensaje conecte con su mundo vital, hay que saber manejar los cauces de la comunicación. Entre el comunicador y los oyente se suele establece un hilo invisible que es el que posibilita la comunicación. Ese hilo está tejido de confianza.

Una de las actitudes que más destruye el hilo de la comunicación es que alguien se presente de manera arrogante. Si alguien se dirige a nosotros con aires de superioridad, lo más probable es que se cree una interferencia que impida que escuchemos el mensaje que nos quiere transmitir.

Jesús en el evangelio de este domingo pide a sus dscípulos que cuando transmiten el mensaje del evangelio lo hagan con sencillez y naturalidad. Que no lo hagan desde la arrogancia y la superioridad. Y no se trata de una estrategia publicitaria. Se trata de hacer presente con nuestra actitud el contenido del evangelio.

El evangelio es comunicar que Dios acoge a todo ser humano. Esa acogida de Dios la proclamamos y transmitimos con nuestra propia acogida y hospitalidad.

Hoy en Europa la iglesia está ante el reto de transmitir a las generaciones más jovenes el mensaje de Jesús. Para ello es importante que sepamos hablar de Dios con natualidad y sencillez, expresando que Dios forma parte de nuestra cotidianiedad. Y teniendo siempre en cuenta que la autoridad se recibe de respaldar con la propia vida el mensaje del evangelio

13 Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C. Lc 9, 51-62


Lo primero en primer lugar

Una de las palabras más recurridas en el lenguaje de la economía y la política es la palabra “prioridad”. Sirve para designar aquello que hay que atender en primer lugar. Lo que tiene preferencia.

No es fácil en la vida humana distinguir lo prioritario de lo secundario, lo que tiene preferencia de lo que va en segundo lugar. Es más, con cierta frecuencia alteramos el orden de las cosas y damos importancia primera a cosas que son  secundarias.

Jesús en el evangelio establece prioridades que tienen validez para todos los creyentes. La  prioridad es Dios y su Reino. Todo lo demás, familia, estabilidad económica, reconocimiento social…siendo cosas importantes, son secundarias o van en segundo lugar. Con esto no es que Jesús ponga unas condiciones excesivas a quien quiera formar parte de su grupo. Tampoco que fije un precio para conseguir la vida que promete. No es eso. Se trata de poner en primer lugar lo que fundamenta la vida y que es el suelo sobre el que se asientan los demás bienes.

Quizás podamos entender mejor esto si recurrimos a una imagen, la del compás. Cuando el compás está bien asentado su trazado es firme y fiable. En cambio, cuando por alguna razón, está desequilibrada la pierna de apoyo, el trazado es desigual y nos conduce a error.

En la vida humana todo también depende del lado sobre el que apoyemos los movimientos de nuestra vida. Si lo hacemos sobre un suelo firme. Si nos encontramos bien asentados, nuestros movimientos serán decididos y firmes.

Cuando Jesús recuerda la prioridad del Reino de Dios es para dar estabilidad y firmeza a nuestra vida. Es para poner un suelo sobre el que se asientan todas las demás realizaciones.

Que Dios nos ayude a mantener el sentido de las cosas y a poner en primer lugar lo que es primero, y a postergar a un lugar secundario las cosas que van después.