Evangelio del Domingo 11 de octubre. XXVIII domingo del tiempo ordinario


El camello y la aguja

Para que un camello pase por el ojo de una aguja hay dos alternativas. O se hace el ojo de la aguja màs grande. O se hace el camello más pequeño. Y a esto último es a lo que Jesús nos llama en este evangelio. Empequeñecerse para entrar en el reino de los cielos. Empobrecerse pare entrar en el reino de Dios. La pobreza es un camino para llegar a Dios.
Jesús propone el camino de la pobreza no porque quiera poner dificultades y pruebas en nuestra vida para comprobar si nuestra fe es auténtica. Tampoco porque piense que los sacrificios y remuncias por sí mismos nos acerquen a Dios. Jesús nos propone el camino de la pobreza para llegar a una riqueza mayor que es la de Dios. Nos pide empobrecernos para que podamos a ser ricos de los bienes que de verdad traen la felicidad a la vida humana. Y es que los verdaderos bienes que colman la necesidad humana no se encuentran en las estanterías de los supermercados o de los grandes almacenes. Lo que de verdad llena el corazón humano es la amistad, el cariño de los demás, la sana satisfacción con la propia vida, el encuentro auténtico con otro ser humano, el disfrute de la naturaleza, la tranquilidad y la paz...Todos estos bienes no se compran. Simplemente se acogen como regalos y dones. Pero para recibirlos hay que vivir en apertura y sensibilidad hacia ellos. Y hay que preparar nuestro interior para la acogida. Puede ser que estemos tan pendientes del tamaño del coche que conducimos, de la etiqueta y la marca en el jersey o la camisa, o de llenarnos de aparatos que ignoremos las riquezas de la persona que está a nuestro lado; que no sepamos apreciar un paseo tranquilo.
Empqueñecernos, empobrecernos...Superar el afán de tener cosas, de comprar cada día más...Desapegarnos de las cosas es el camino para abirnos a las personas y a Dios; es el camino para llegar a otra riqueza más auténtica y permanente.

Evangelio Domingo 4 de Octubre de 2009 XXVII Domingo Tiempo Ordinario


Para siempre

Hoy en día, cuando un aparato electrónico se estropea no merece la pena mandarlo a arreglar. En la mayoría de los casos una reparación resulta tan cara como comprar un aparato nuevo. Si todavía estamos en el período de garantía podemos pedir que nos lo cambien por uno que funcione correctamente. Pero si la garantía ya ha caducado es mejor comprar uno nuevo.
Los usos del comercio y de la economía también pueden influir en el modo de entender las relaciones con las personas. Todos podemos sentirnos impulsados a comportarnos con las personas del mismo modo que lo hacemos con los aparatos estropeados. Las grandes empresas prescinden de los trabajadores cuando ya no les resultan rentables. Y todos nos tenemos que preguntar si no nos olvidamos y dejamos al margen a aquellas personas que creemos que no funcionan completamente como los ancianos, los enfermos, los discapacitados... El matrimonio y la relación de pareja también pueden funcionar con las leyes del mercado. Cuando una de las partes no aporta lo que la otra esperaba se cambia ya está.
En el evangelio de hoy a Jesús le preguntan si un hombre puede despedir a la mujer con la que ha contraído matrimonio. Los que preguntan quieren saber la opinión de Jesús sobre una tradición y una convección social. Pero para Jesús las personas y su valor son más importantes que las tradiciones y las convenciones sociales. En su respuesta nos dice que el matrimonio es una relación entre personas. Cada persona es una realidad única e irrepetible. Por eso, las personas no se pueden cambiar aunque nos defrauden en nuestras expectativas y en nuestros deseos. Las funciones se cambian. Las personas son insustituibles. El matrimonio es más que una relación de funciones. Es la unión de quienes un día se descubrieron como realidades únicas e insustituibles. El “para siempre” de la unión matrimonial es una consecuencia del carácter único e irrepetible de las personas.
La aspiración de Jesús a este modo de relación parece muy exigente, pero toca el corazón humano. ¿Quién de nosotros quiere ser considerado como una realidad intercambiable? ¿Quién de nosotros no quiere se considerado como una realidad única? Independientemente de algunos casos particulares en los que ya no es posible la convivencia, “el para siempre” de la unión matrimonial es un ideal a mantener. No se trata de hacer valer una norma antigua o una tradición. Lo que está en juego es la dignidad y el valor de las personas.